miércoles, 29 de octubre de 2014

vania story

Trabajo de recepcionista de un hotel doce horas por día turno noche. Es un lugar muy
transitado, por ende, estoy todo el día relacionándome con gente de todas partes del
mundo.
Ese día (10 de agosto), no eran más de las 23 horas, tuve que ir al décimo piso para
retirar unos papeles de un pasajero. Los pasillos estaban desolados, todo estaba
demasiado tranquilo. El ascensor llega a su destino, se abren las puertas y miro hacia
ambos lados del pasillo. Voy a reconocer que tenía un poco de miedo ya que el hotel
estaba casi vacío.
Caminé hasta la esquina del pasillo y me asomo silenciosamente para revisar si había
alguien por ahí. De repente, veo a dos chicas apoyadas sobre el marco de la puerta de
una habitación. Recordé automáticamente que esas muchachas eran de Londres y
estaban de vacaciones por quince días en nuestro país.
Me quedé más tranquila al ver que estaba acompañada. Pero ellas no se percataron de
mi presencia.
Seguí caminando hasta el final y me quedé asombradísima al ver algo raro (para mí)...
¡¡eran dos mujeres besándose!!.
No lo podía creer. Pero ocurrió algo que nunca pensé que iba a pasar, en ningún
momento corrí la mirada.
Me encantó observarlas. Sentí que quería unirme a ese beso. Era muy dulce.
Ellas no sabían que yo estaba mirándolas.
Hasta que volví al ascensor y retomé mi trabajo.
Estuve un rato largo en conflicto conmigo misma ya que no podía creer lo que había visto.
Estaba muy alterada por todo lo ocurrido. Sentía que tenía que probar esa sensación,
pero no sabía por donde empezar.
Unas horas más tardes (creo que eran como las 4 de la mañana), siento que se abre el
ascensor y baja una de las chicas que había visto besándose en el pasillo. Mientras que
ella iba acercándose, mis piernas temblaban como locas. Me preguntó si tenía alguna
toalla de más para facilitarle (obviamente todo en inglés), y se me ocurrió decirle que yo
se la alcanzaba hasta la habitación. Me agradeció mucho y unos minutos después yo ya
estaba golpeando la puerta para entregarle la toalla. Tenían una habitación para cada
una.
Sentí un grito lejano que me pedía que entrara que estaba abierto, y yo ni dudé en
hacerlo. Miré para todos lados y me di cuenta que no había nadie dentro. De pronto siento
un: - Here!. Sale una hermosa rubia del baño agradeciéndome por las toallas.
Eran muy bellas las dos. Pelos largos, ojos claros, pieles blancas. ¡¡Muy
bonitas!!.
Me despedí y al tratar de cruzar la puerta, siento una mano sobre mi hombro que me
impedía el paso. Me di vuelta y la vi a esta muchacha enfrentada con tan solo unos
centímetros de separación.
Volví a temblar como una loca. Su mano había empezado a subir por mi cuello hasta
tomarlo por completo y empujarlo hasta ya no tener separación, cuerpo con cuerpo. Su
boca se acercó hasta mis labios y su lengua empezó a bailar dentro de mi boca. Me
quedé paralizada, nunca había sentido algo igual, parecía como que me iba a venir un
orgasmo en cualquier momento.
Sentía un placer que es muy difícil de explicar en este relato.
Besaba mejor que cualquier hombre con el que haya estado anteriormente.
Los nervios se me empezaron a aflojar y abracé a esa mujer hasta apretarla fuertemente.
Seguíamos tranzando (besándonos) descontroladamente y nuestros cuerpos se frotaban
sin miedo ya.
Ella empezó a quitar mi blusa blanca de trabajo y manoseó mis senos hasta dejarlos bien
duros. Sacó mi pollera negra y me tiró en la cama de la habitación. Con sus dientes bajó
mi braga y cuando me quise acordar, ella ya estaba desnuda.
Me besaba como un animal salvaje, eso me encantó muchísimo. No paraba de
masajearme los pechos. Yo estaba que ardía. Me entregué por completo.
Su lengua empezó a bajar por mi cuello, me chupeteó bien las tetas y siguió bajando por
mi abdomen hasta llegar a mi concha que ya estaba empapada de tanto placer. Me mojó
bien con su saliva y me abrió de piernas. Ella también abrió sus piernas y apoyo su linda
almejita bien depilada sobre la mía.
La refregó hasta gritar como un animal. Yo no puedo explicar lo que sentía, fue algo
hermoso.
Luego se acercó hacia mi boca nuevamente y empezó a besarme, pero muy suavemente.
Me encantaba que me besara. No quería que terminara más.
Pero el deber me llamaba. Yo estaba en horas de trabajo y no podía darme el lujo de estar
más tiempo fuera de mi puesto. Entonces la saludé y me retiré.
No sabía su nombre ni su edad, no sabía nada de ella. Pero no me interesaba mucho
igualmente. Lo único que me importaba era el momento de pasión y placer que me había
hecho pasar esa hermosa mujer.
Volví a la recepción del hotel (había estado ausente por dos horas), tomé un café, me
relajé y recordé todo lo ocurrido. ¡¡No lo podía creer!!.
Las chicas se quedaron dos semanas en el hotel y yo seguí mi vida como siempre... pero
todas las noches, a las 4 de la madrugada, durante esas dos semanas, daba mi vuelta por
ese pasillo del piso décimo y me reencontraba con ese sueño de woman.
Ese 10 de agosto tuve mi primera experiencia con una mujer que duró dos semanas.
Fueron alucinantes. Fue la última también.
Pienso que ahora mi vida dio un vuelco muy grande, ya que mi preferencia
sexual cambió absolutamente.

bondaje y erotismo

A pesar de que este tipo de prácticas sólo recientemente se han empezado a recoger en obras de divulgación sobre sexualidad, el deseo sexual ligado a la inmovilización está muy extendido y se conoce desde antiguo, como lo muestran numerosas imágenes de intención aparentemente no erótica.
¿Por qué a algunas personas les atrae el juego de ser atadas? La razón que con más frecuencia se invoca es la liberación de inhibiciones y responsabilidades, en la medida en que confían las llaves del juego erótico a otra persona, que es quien marca las pautas a seguir. La sensación de dejarse llevar, de despreocupado abandono erótico, es para muchas personas altamente gratificante en el plano sexual.
A algunas personas les atraen también las sensaciones físicas: la presión de la cuerda, la imposibilidad de moverse, el roce o incluso la abrasión producida por la cuerda al desplazarse sobre la piel. Ligado a esto último está asimismo el placer obtenido por la adrenalina que genera el peligro simbólico. Atrae igualmente la sensación de impotencia cuando se hacen intentos por liberarse; a algunas personas les agrada realizar estos intentos mientras son estimuladas sexualmente por la persona activa, aunque el bondage no implica necesariamente contacto sexual. Es frecuente asimismo el uso del bondage en los llamados "juegos de sumisión" o juegos en los que se representan roles amo/sumiso. Finalmente, el bondage puede utilizarse como complemento de otras prácticas sexuales, incluso de tipo enteramente convencional, para estimular la libido de la persona que recibe el bondage y/o de la persona que lo ejecuta.
En este contexto, algunas de las razones que las personas activas suelen dar con más frecuencia para explicar su afición al bondage, son el estímulo que genera tener la total responsabilidad sobre el placer sexual del compañero o compañera, el placer creativo y estético, unido a la visión del cuerpo humano encordado como una singular obra de arte, y otras razones, que son complementarias de las que interesan a quienes asumen el rol pasivo.